VIERNES 26 DE OCTUBRE


EL RÓTULO
—Señor Sardena- dijo el joven al propietario de una pescadería, -me  llamo –Arenque. Soy pintor de rótulos y veo que Ud. no tiene letrero como los otros tenderos. Mire Ud., por favor, el rótulo de  tre: Sastrería. Confeccionamos vestidos a medida. O el zapatero:

Zapatería. Remendamos zapatos mientras que Ud. está esperando. O  el del carnicero: Carnicería. Nuestra carne está refrigerada. Y el del  empresario de pompas fúnebres: Funeraria. Nuestros clientes nunca se quejan. Permítame, señor, hacerle también uno de estos rótulos  magníficos: Pescadería. Aquí se vende pescado fresco.

—No necesito letrero, señor Arenque. Sobre todo no necesito el rótulo  que Ud. sugiere. Escúcheme con gran atención mientras explico  lógicamente por qué es una pura pérdida de dinero. Consideremos la  palabra aquí. Es claro que si vendo pescado, lo vendo aquí. Por eso no necesito la palabra. Consideremos ahora la palabra fresco. Si el  pescado no es fresco, no será posible venderlo. Por eso no necesito la  palabra fresco. Pescadería ¿Dónde se vende pescado? ¿En una  panadería? La palabra pescadería no es necesaria. Se vende: ¡Por supuesto que se vende! ¿Cómo voy yo a ganar la vida si regalo el  pescado? Todo el mundo comprende que se vende el pescado. Queda  ahora solamente una palabra, pescado. ¡Cierre los ojos, señor, por  favor, y respire! ¡Dígame! ¿Necesita Ud. un rótulo para saber que aquí en esta tienda se vende pescado?

Conteste a las siguientes preguntas con frases completas

1. ¿Qué se vende en la tienda del señor Sardena?
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2. ¿Qué quiere hacer Arenque?
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3. ¿Qué hacen el sastre, el zapatero y el carnicero?
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4. ¿Qué diría el nuevo letrero de la pescadería?
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5. ¿Quiere el señor Sardena un rótulo? ¿Por qué?
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6. ¿Cuándo no se vendería pescado?
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7. ¿Por qué no es necesaria la palabra “pescadería”?
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8. ¿Regala el señor Sardena el pescado?
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VIERNES 19 DE OCTUBRE

LA LECTURA
    La lectura es la práctica más importante para el estudio. En las asignaturas de letras, la lectura ocupa el 90 % del tiempo dedicado  al estudio personal. Mediante la lectura se adquiere la mayor parte de los conocimientos y por tanto influye mucho en la formación intelectual.
    Mediante la lectura se reconocen las palabras, se capta el  pensamiento del autor y se contrasta con el propio pensamiento de  forma  crítica. De alguna forma se establece un diálogo con el autor. Laín Entralgo definió la lectura como "silencioso coloquio del lector con el autor".
    Se pueden distinguir tres clases de lecturas: una de distracción, poco profunda, en la que interesa el argumento pero no  el  fijar  los conocimientos; otra lectura es la informativa, con la que se pretende tener una visión general del tema, e incluso de un libro entero; y por fin, la lectura de estudio o formativa, que es la más lenta y  profunda  y  pretende comprender un tema determinado.
    Los dos factores de la lectura son la velocidad y la  comprensión.  La velocidad es el número de palabras que se leen en un minuto y  suele  ser de 200 a 250 en un estudiante normal. La comprensión se puede  medir  mediante una prueba objetiva aplicada inmediatamente después  de  hacer  la lectura. Se suele medir de 0 a 10, y suele ser de 6 a 7  en  una  lectura normal. Es necesario que se evite siempre la lectura mecánica, es  decir, sin comprensión y se ponga esfuerzo por leer todo lo deprisa que se  pueda y asimilando el mayor número de conocimientos posibles.  Con  esto  se aumenta la concentración y mejora la velocidad de lectura  sin  bajar  la comprensión.
    Si se quiere conseguir una gran velocidad de lectura, doblando o  triplicando la velocidad actual sin bajar la comprensión, se  debería  hacer un curso de lectura rápida, que mediante un entrenamiento  específico  se puede conseguir una gran velocidad, como la alcanzada por  el  presidente Kennedy que llegaba a las 1200 palabras por minuto.
    Antes de empezar a estudiar una lección es conveniente hacer  una  exploración, es decir, observarla por encima, viendo de qué tratan las distintas preguntas, los dibujos, los esquemas, las fotografías, etc. De esta forma se tiene una idea general del tema. El segundo paso sería hacerse preguntas de lo que se sabe en relación al tema y tratar de responderlas. Así se enlazan los conocimientos anteriores con los nuevos.
        Arturo Ramo García

 Instrucciones: RESPONDE CORRECTAMENTE.
NO OLVIDES QUE LAS PREGUNTAS Y LAS RESPUESTA TIENEN QUE ESTAR EN TU CUADERNO DE ORTOGRAFÍA.
Principio del formulario

PRUEBA DE COMPRENSIÓN
 1.- La lectura ocupa el 90 % del tiempo en:
2.- La visión general del tema se consigue con:
3.- La lectura más lenta y profunda es: 
4.- La lectura sin comprensión se llama:
 5.- El mirar por encima una lección es:


¡QUE TENGAN BUEN FIN DE SEMANA!

Tarea viernes 5 de octubre 2012

El gigante y el sastre
Érase una vez un sastre débil como un gusano y, al mismo tiempo, muy fanfarrón. En todas partes se daba pisto, se jactaba de su fuerza y decía que les podía a todos. Una vez, yendo en el tranvía, vio a un gigante sentado. Era un gigante gordo y fuerte, con músculos como repollos y una cabeza como un barril de cerveza. El trasero le ocupaba tres asientos.
"Ahora verá" - pensó el sastre, colocándose a su lado.
En el tranvía todo estaba prohibido; por todas partes colgaban letreros que decían:
Prohibido escupir en el suelo.
Prohibido ensuciar los cristales.
Prohibido fumar.
Prohibido molestar a los pasajeros.
Y el sastre escupió en el suelo, justamente delante del gigante.
"Madre mía, qué atrevido -pensó el gigante-. Como le pillen..."
A continuación, el sastre manchó el cristal con su sucia mano.
"Huy, huy, huy -pensó el gigante-. Yo no me hubiera atrevido. Este es mas valiente que la policía".
Entonces, el sastre sacó un cigarrillo del bolsillo, lo encendió y echó el humo directamente a la cara del gigante.
El gigante empezó a toser, miró de reojo al sastre y se encogió de hombros.
"En fin -pensó-. Que no le pase nada. Hace falta tener mucho valor para cometer tantas infracciones a la vez. Le pueden caer tranquilamente tres meses de cárcel".
¿Y que más hizo el sastre? Pues, en lugar de apagar la colilla del cigarro, se la metió al gigante en el bolsillo izquierdo de arriba de la chaqueta, donde se suele llevar un pañuelo de adorno.
En seguida empezó a arder y a echar humo y a oler mal y, por si fuera poco, el sastre se puso a molestar al gigante:
-¡Eh, oiga usted!-dijo- ¡Esto es el colmo! ¡Anda por ahí echando humo y apestando! ¡Me pienso quejar, ya lo creo que sí!
El gigante, a pesar de ser un gigante fuerte, era también un poco ingenuo; así es que pensó:
"Si se comporta así, no será un vulgar pelagatos."
Y tenía ganas de librarse del sastre. En esto llegó el revisor. Como el sastre no llevaba billete, el revisor lo echó. Entonces, el gigante se alegró y vio por la ventanilla cómo el fresco del sastre corría detrás del tranvía.








RESPONDE LAS SIGUIENTES PREGUNTAS.
ESTAS PREGUNTAS SE LAS REVISARE EN SU CUADERNO D EORTOGRAFÍA EL LUNES.
Escribe siempre con letra minúscula para contestar. Utiliza las palabras precisas. Cuida la ortografía y las tildes para validar las respuestas.
1. ¿Cuántos asientos ocupaba el trasero del gigante? 
2. El letrero del tranvía decía que estaba prohibido molestar a los...  
3. ¿Quién echó el humo del cigarrillo en la cara del gigante?  
4. ¿A qué se parecía la cabeza del gigante?  
5. ¿Delante de quién escupió el sastre en el suelo?  
6. ¿Cuánto tiempo de cárcel le podía caer al gigante?  
7. ¿Quién echó al sastre del tranvía?  
8. ¡Quién dijo: "Me pienso quejar, ya lo creo que sí"! 
9. ¿Qué metió el sastre en el bolsillo izquierdo de la chaqueta del gigante?  
10. ¿Cómo era de débil el sastre?